QUE ME PASA

Tengo 36 años, 1.80m. de estatura, castaño claro, tez blanca ligeramente bronceada, ojos verdes, tengo unos cinco kilillos de más pero creo que me veo muy bien gracias a un torax amplio y piernas musculadas por la natación y el mountain bike. Felizmente casado, dos niños, casa, dos autos, perro…

Por asuntos de trabajo requeríamos diseñar unos productos a medida con uno de nuestros proveedores, así que llevé mis notas y dibujos a su planta y el gerente me presentó a un joven profesional que había estado trabajando con ellos hacía no más de un mes. Me impresionó de entrada, 1,70m, piel aceitunada, cabello oscuro, llevaba jean, deportivos azul marino y una chaqueta de NYPD del mismo color arremangada hasta los codos, todo impecable, gel en su cabello corto, ensortijado y perfectamente cortado, ojos café chispeantes tras sus lentes nuevos y una sonrisa franca que dejaba ver su dentadura blanca y regular.

- Un gusto Jorge- dije-

- Un placer – respondió- vamos a mi oficina.

Mientras íbamos nos hacíamos las típicas preguntas para saber con quien tratábamos, era soltero, 25 años, tenía enamorada, vivía con sus padres, le gustaba el raquet. Me sorprendí a mi mismo analizándole con todo cuidado y poniendo en él más interés de lo usual y menos usual aún en otro hombre. En la universidad había tenido unos contactos homosexuales (uno o dos están en mis relatos anteriores) pero en realidad nunca me habían interesado mayormente los hombres ¿qué me estaba pasando? Mientras me preguntaba esto noté que él también me analizaba de pies a cabeza y que nuestros ojos se cruzaron más de una vez.

Tipo 16h00 nos instalamos en una oficina amplia conformada por unas 4 estaciones de trabajo de las que sólo una aparte de la de Jorge, estaba ocupada. Nos sentamos en dos taburetes giratorios en frente de la computadora y comenzamos nuestra labor. Me sorprendió la solvencia del hombre en su trabajo y el conocimiento exacto de los procesos de su empresa, sobre todo para haber estado apenas unas pocas semanas. A las 17h00 nos quedamos solos y los pocos ruidos de la empresa se fueron callando hasta desaparecer. Seguíamos en lo nuestro cuando me dí cuenta que nuestros muslos se tocaban todo el tiempo y la distancia entre nuestros rostros era a veces de no más de 30 cm. sin embargo me sentía extrañamente cómodo.

Con Jorge realmente hicimos “click” y el diseño fluía rápidamente. Nos entendíamos a las mil maravillas y compaginamos rápidamente nuestras necesidades y límites de costos con sus requerimientos de materiales y procesos. Cuando terminamos el primer borrador había oscurecido así que pedí una pizza a domicilio mientras limábamos la hoja de Excel de especificaciones, quince minutos después el guardia entraba en la oficina con el pedido, le dimos unos dos pedazos y se marchó mientras Jorge sacaba de una pequeña refrigaradora escondida en una esquina dos coca colas frías para acompañar la pizza.

- Entonces te gusta la natación- dijo- dicen que los nadadores son gays.

- Creo que un par de nadadores olímpicos eran gays pero de ahí a generalizar…. Respondí- después de todo son los de raquet a los que les gusta jugar con las bolas, ja, ja.

- El raquet es cosa de hombres, si quieres vamos mañana a la quinta de mis padres para darte unas lecciones – dijo Jorge.

- Seguro- le dije- pero no tengo raqueta-

- No te preocupes, allá te presto una.

Al terminar la pizza nos senamos nuevamente frente a la computadora, y para los detalles finales nos faltaban algunos datos que debería tomarlos de mi empresa,

- Qué te parece si vengo mañana jueves tipo cuatro de la tarde y terminamos esto – le pregunté-

- Seguro- dijo- y de aquí nos vamos a la quinta.

La verdad era que los datos los podía enviar por internet pero me agradaba estar con él.

Esa noche tuvimos sexo con mi esposa, fue tan intenso como siempre, pero antes de que mi mujer alcanzara su segundo orgasmo me pasó algo extraño, se cruzaron las imágenes de Jorge por mi mente y no pude demorar más mi eyaculación, de manera que tuve que concentrarme en sostener mi erección hasta que ella terminara otra vez. Me sentí un perro y es que realmente amo a mi esposa.

Al día siguiente, llevé un bolso con ropa deportiva y compré un six pack de cerveza, trabajamos con Jorge una hora hasta terminar completamente el diseño y fuimos en su Volskwagen Bora a la quinta de sus padres que no distaba más que veinte minutos de la ciudad. Era una casa más bien vieja de una sola planta, una pequeña piscina y una flamante y bien equipada cancha de raquet a la que fuimos directamente.

Jorge solamente se sacó la sudadera y se dedicó a observar como me cambiaba de ropa, cuando terminé nos reimos por la coincidencia: ambos llevávamos shorts Arena para correr azul marino exactamente iguales y si, sorpredentemente camisetas del mismo color aunque la de él era sin mangas. Sus piernas eran del mismo color aceitunado que su rostro, prácticamente no tenía bello ni grasa, sus movimientos nerviosos denotaban su agilidad y pronto estuvimos jugando.

Él comenzó ganando mientras corregía mis múltiples errores y conforme avanzaba el juego comencé a lograr ventaja sobre Jorge a pesar de su endemoniada rapidez. El marcador no avanzaba mientras jugamos casi dos horas. Yo estaba extenuado, pese a que logré sacarle dos puntos más, hasta que sacándose la camiseta dijo “ se acabó el niño bueno, te voy a ganar” , Ok. dije casi sin respiración mientras observaba su torax delgado, cubierto por músculos marcados y su espalda triangular que terminaba en unas nalguitas respingonas. Me igualó en el marcador y fue mi turno de quitarme la camiseta empapada, acto que me sirvió de poco para evitar perder en pocos minutos más, y viéndome obligado a soportar su celebración.

 

-Vamos a la casa a tomar las cervezas,- dijo pasando su brazo sobre mis hombros-mientras vemos una peli porno y olvides tu amarga derrota- dijo riendo mientras nos dirigíamos a la casa.

- Vamos- dije casi sin respiración – saquemos las cervezas del auto

Las piernas me temblaban y me costaba levantar los brazos, me tumbé como trapo mojado en un sofá frente a la televisión mientras Jorge insertaba un DVD y se sentaba a mi lado entregándome la primera cerveza que desapareció en pocos segundos. La película empezaba hétero pero luego se unía un moreno con una gran verga y penetraba al galán. Era obvio que ambos estábamos exitados, así que Jorge tomó la iniciativa: -No te importa si me desnudo, no?- y sin esperar respuesta se puso de pié y se quitó el short del que saltó completamente erecta una pieza de carne algo más pequeña que la mía, de unos 15 o16cm. sin circuncidar, y algo aplanada y ensanchada cerca de la cabeza. Jorge no se sentó sino que se quedó masajeándosela junto a mí permitiéndome ver también la película que había perdido interés ante este espectáculo. Comencé a tocármela bajo el short mientras observaba su mano subir y bajar por su miembro mientras llevaba ligeramente sus testículos casi sin bello en su hipnótico movimiento.

El se arrodilló ante mí y mirándome a los ojos quitó también mi short, y poniendo su bronceado pecho entre mis piernas comenzó primero a lamer y luego a mamar mi deseoso pene. Ver esta escena me tenía loco, sus labios cerrados sobre mi pene subían y bajaban ensalivando mi miembro estimulándome cada vez más, llenandome de placer y no hubiera tardado en correrme si él no se hubiera detenido sin dejar de mirar mi rostro. Parándose sobre el sofá, con sus deportivos a los lados de mi cadera me ofreció esa delicioisa verga que escurría “precum” , sus manos se posaron sobre mi cabeza y acercó su miembro a mi boca sin dejar de sonreir con sus labios sensuales. Tomé su verga con mi mano y empecé a paladear con deleite mientras acariciaba sus piernas y sus nalgas con mi otra mano, observando su expresión de placer y la tensión en sus abdominales que por momentos proyectaban su pelvis hacia mi boca que tragaba rítmicamente su aparato mientras movía mi lengua sobre su frenillo. Sus manos acariciaron mi cabeza mientras su miembro se endurecía mas y más hasta que sentí que el conducto bajo su pene se hinchaba y en medio de espasmos comenzaba a eyacular. Mi reacción inicial fue hacerme a un lado, pero sus manos me convencieron de recibir su ardiente semen en mi boca mientras el gemía de placer cerrando sus ojos.

Trague su nectar mientras sus piernas cedían al cansancio y sus rodillas abrazaban mi pecho mientras el caía rozando sus genitales sobre mi pecho y abdomen hasta poner su rostro ante el mío para iniciar un beso con el que saboreó su propio semen, cosa que me llenó de morbo. Retomó su posición inicial entre mis piernas, y luego de observar goloso mi verga brillante, más grande de lo normal y a punto de estallar, se la metió en su boca y en nó más de un minuto de succionarla rítmicamente logró que mis testículos se contrajeran y expulsaran seis o siete trallazos de líquido que tragó completamente sin dejar una sola gota mientras yo repetía su nombre sorprendido por la abundancia de mi eyaculación.

Recuperada la respiracíón tomamos otra cerveza vestidos sólo con medias y zapatos deportivos, pero el ambiente había cambiado, casi no conversábamos y nuestras miradas tan francas y directas minutos antes, ahora se evitaban llenas de cupla. – Vamos- dije apenas acabamos la cerveza. Recogimos las cosas de la cancha y partimos en su volskwagen sin intercambiar ninguna palabra. Me sentía terrible, estaba arrepentido de lo que acababa de pasar y ovbiamente él también. – Nos vemos – dije al bajar del auto en su empresa – nos vemos – respondió y se fue.

Al llegar a casa saludé a mi esposa aparentando alegría por la intensidad del partido perdido y fui directo a poner la ropa en la lavadora… extrañamente mi camiseta no estaba, seguramente la había olvidado en la cancha, me dí un largo baño caliente y a dormir con el sentimiento de culpa por lo que había hecho.

Los días siguientes seguí sintiéndome un perro por haber traicionado a mi esposa ( ¿es traición hacerlo con otro hombre?) pero rápidamente el recuerdo del placer fue imponiéndose al remordimiento, sin embargo con Jorge solamente cruzamos información vía email, reduciendo la comunicación estrictamente a los detalles de diseño y costos. Pero he estado teniendo erecciones en mi oficina con sólo pensar en él aunque había decidido que allí debía quedar todo: en un recuerdo exitante… hasta ayer en la tarde.

- Jorge A* está aquí y desea verle- anunció mi secretaria

- Qué pase – dije mientras un mareo extraño nublaba mi vista

- Qué tal – saludó él.

- Qué tal, siéntate – contesté con una sonrisa idiota en mi cara mientras le indicaba una silla en la mesa redonda.

- He traido los diseños finales ploteados y los cuadros impresos- explicó sin mayor contacto visual.

- ¿Son los mismos que me enviaste por mail?

- Exactamente, si los revisas y me regalas una firma podemos empezar la producción la próxima semana-

- Déjamelos y te los envío mañana o te los llevo personalmente- arriesgué.

- Seguro- dijo levantándose y acercándose a la ventana- ella es mi novia- continuó señalando hacia afuera- nos casamos en diciembre.

Me acerqué a la ventana y pude observar que en su auto aguardaba una chica de unos 22 años – es muy guapa- comenté entre resignado y aliviado de que esto haya acabado.

- ¿Quieres jugar mañana otro partido de raquet para que te quites el clavo?- dijo luego de un largo silencio

- S.. Sí – tartamudeé- claro –

- Tendrás que llevar otra camiseta – comentó acercándose a mi

- Sí, creo que olvidé la mía allá la otra vez-

- Yo la saqué de tu bolso – confesó plantándome otra vez la mirada y sonriéndome- y me he masturbado con ella.

Estaba completamente confundido, mis pensamientos no fluían y mis sentimientos se habían alborotado con semejante declaración -A las cinco te llevo esto firmado y de ahí nos vamos al raquet- acerté a decir.

Miró nerviosamente que la puerta de mi oficina estuviera cerrada, se sacó sus anteojos y se acercó con su boca entreabierta y su labios húmedos mientras exploraba mi expresión con sus ojos inquietos, si pensé en resistirme el pensamiento no duró dos segundos, nos besamos apasionadamente dos o tres minutos en los que sin pensar en nada solamente disfruté el momento. Cuando nos separamos nuestras respiraciones estaban agitadas y mi mente, que volvía a funcionar, no podía comprender lo que me había pasado: yo, el hombre seguro de si mismo, el que tenía absoluto control de su mente y de lo que quería estaba siendo arrastrado a merced de esta pasión homosexual intensa e inexplicable. El sonido de la puerta me sacó de mi estupor y apenas pude ver la espalda de Jorge cruzando el umbral.

¿Qué me está pasando? Yo, el hombre que estudia las decisiones friamente y las ejecuta sin dudar, el “Iceman” de la secundaria, el “profesor” de la U., el “Contramaestre” como me dice cariñosamente el presidente de mi empresa, estoy perdido entre el deseo, convertido en gelatina ante mi computador tratando de aclarar mis ideas escribiendo este relato.

Son las cuatro, mi ropa de deporte está lista en mi suv al igual que un six pack de cerveza, y mienras escribo estas líneas me debato entre ir con Jorge o simplemente apagar mi celular y huir a casa a los brazos de mi esposa, apartándome de esta tentación terrible. Es tarde para que ustedes, amables lectores, me ayuden con esta disyuntiva pero igual me gustaría saber que piensan de esta extraña situación.

  

 

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